Josué Rubio

Un replanteamiento para el Arsenal

El equipo londinense lleva varios años anclado en un 4-2-3-1 que no permite lucir a varios de sus jugadores todo lo que pueden gracias a su potencial. Un nuevo entramado táctico dotaría a los Gunners de nuevas opciones y armas para enfrentarse a los grandes. 

 
En los últimos años, quizá por la falta de fondo de armario, el Arsenal ha jugado con un bloque de memoria: línea de cuatro, doble pivote, tres hombres en la zona de tres cuartos y un delantero centro de estilos tan opuestos como Theo Walcott y Olivier Giroud. ¿Por qué no busca Arsene Wenger una revolución en el sistema? ¿Por qué esta forma de jugar le favorece en cuanto a control del partido pero, salvo casos puntuales, deja un bagaje tan pobre de goles frente a los grandes? Que no nos engañe el precedente del Manchester United, lastrado por un Ashley Young colocado como parche de urgencia en el lateral. El Arsenal tiene poca pegada.
 
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Todo parte de la disposición de los hombres en la zona de creación, con Santi Cazorla en el doble pivote (la defensa no es su fuerte, entre otras cosas por complexión física, algo de lo que sí disponía su compatriota Cesc Fàbregas) y Aaron Ramsey escorado a banda, dejando la velocidad para el costado de Alexis Sánchez o para que le doble Héctor Bellerín. Fulgurante promesa Gunner en el lateral y cada vez más cerca de ser una realidad. ¿Por qué no hacer más dinámico a los londinenses sin que pierdan su identidad y, a la par, sumen oportunidades de calidad más arriba? Parece que lo que más se acerca a esta posibilidad es jugar con extremos: un 4-3-3 en el que la opción del delantero centro disponga de un abanico más amplio de opciones, desde colocar a Mesut Özil como falso nueve hasta dar el puesto a Giroud al más puro estilo de punta clásico.
 
Podría parecer arriesgado si Wenger pretendiera adaptar esta forma de jugar, con dos interiores como Cazorla y Ramsey para dejar que Alexis y Walcott (o Alex Oxlade-Chamberlain) estiren la lona, pero el hombre clave que permitiría esto es Francis Coquelin. El joven mediocentro francés, que ya sorprendió a propios y extraños en su vuelta a Londres, se ha consolidado en el once inicial con gran contundencia hasta convertirse en una pieza absolutamente indispensable en el esquema  del Arsenal. No en vano, sus actuaciones le han llevado a ser considerado el mejor jugador del Arsenal en agosto. Su esfuerzo a la hora de recuperar rápido y sin cometer falta es impagable y, pese a su juventud (24 años), ha demostrado con creces que puede ser el sostén perfecto en el Emirates durante, al menos, un lustro.
 
El hecho de que el único fichaje se hiciera en la portería disminuye las opciones de suplir ciertas posiciones con, como mínimo, la misma calidad, pero en detrimento de ello, no hay que enseñarles todos los automatismos a gente nueva, solo hay que modificar algunos patrones entre los jugadores que ya se conocen entre sí, pero si el Arsenal quiere aspirar a, al menos, dar una buena imagen frente a los grandes, se atisba la necesidad de que Wenger, un revolucionario plagado de ideas en su día, busque nuevas formas de sorprender a sus rivales. Mientras tanto, la historia será la misma de cada año, con tan solo opciones serias en los torneos de copa nacional. Si la Premier es prácticamente un imposible cada año, Europa es una utopía. Y las utopías, ya sabemos, son inalcanzables.
 

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Josué Rubio