Ilie Oleart

Wembley redime a los aficionados del Wrexham

Pocos aficionados han sufrido tanto durante los últimos años como los del Wrexham, el club profesional más antiguo de Gales. Su club estuvo a punto de desaparecer, el equipo descendió de la Football League por primera vez en 87 años, el estadio casi se convierte en un supermercado…pero ellos, sus aficionados, lo salvaron. Ahora cosechan su merecida recompensa.

 
Tal vez el FA Trophy no sea la competición más famosa de Inglaterra. Ni la que aporte más dinero o notoriedad. Sin embargo, para los aficionados del Wrexham, la victoria en Wembley ante el Grimsby en la tanda de penaltis del pasado domingo es el premio a años de penurias y sacrificios que han visto cómo el club esquivaba la desaparición literalmente en el último minutos, evitaba la venta de su emblemático estadio a especuladores cuya única intención era derribarlo y el club descendía hasta profundidad nunca vistas en casi un siglo.
 
Pocas aficiones han debido superar tal cantidad de obstáculos y pruebas durante la última década como la del Wrexham, el club profesional más antiguo de Gales, fundado en 1864.
 
En 2002, la enfermedad obligó a Pryce Griffiths a vender el club, que cayó en manos de especuladores cuyo único interés era adquirir el club para hacerse con el control del estadio. Y Alex Hamilton y Mark Guterman casi lo logran, si no hubiera sido por un juez del Tribunal Supremo que consideró que la venta del emblemático estadio de Racecourse a la empresa de Hamilton era ilegal.
 
Fueron las protestas de los aficionados las que arrinconaron a Hamilton. Resulta innegable que fueron los esfuerzos de esos aficionados los que provocaron la ira de Hamilton, que en un arranque de furia escribió su renuncia en un cuaderno durante una reunión del consejo. Una acción que lamentó poco después. Pero ya era demasiado tarde. Ese pedazo de papel fue admitido como documento con valor legal y fue suficiente para librarse de Hamilton.
 
Luego, la formación del Wrexham Supporters Trust representó la alternativa. Hamilton acabó siendo inhabilitado durante siete años para dirigir clubes de fútbol y el club logró esquivar una muerte casi segura. Pero las penurias del club estaban lejos de acabar.
 
Cuando los empresarios locales Geoff Moss y Neville Dickens adquirieron el club en 2006, respaldados por el fondo de los aficionados, el club pareció dejar atrás su peor etapa, pero en la temporada 2007-08 descendió en League Two y perdió su estatus de miembro de la Football League por primera vez en 87 años.
 

La única intención de Hamilton era adquirir la propiedad del estadio

En 2007, el club abandonó la Football League por 1ª vez en 87 años

El descenso supuso un duro revés para las finanzas del club. El apoyo financiero en League Two ronda las 600.000 libras, mientras que en Conference se reduce a 50.000. Moss se quedó rápidamente sin fondos ni ganas de cubrir las crecientes pérdidas, frustrado además por el mediocre rendimiento deportivo del equipo. Para acabar de agravar las cosas, la deuda del club con Hacienda se convirtió en otra grave preocupación.
 
La situación alcanzó un punto en agosto de 2011 en que el club solo tenía 24 horas para recaudar las 250.000 libras que la liga exigía para cubrir las pérdidas en caso de que el club no fuera capaz de acabar la temporada para falta de fondos.
 
Para entonces, el fondo de los aficionados ya había emprendido acciones para asumir el control de la entidad, pero las autoridades no estaban dispuestas a esperar por el dinero. Sin la fianza, el Wrexham no habría podido comenzar la temporada, solo una semana más tarde.
 
Y entonces se produjo el milagro. “No sabíamos a quién recurrir, qué hacer. Entonces recuerdo que alguien apareció con 100 libras y dijo que quería donarlas”, recuerda el secretario del club Geraint Parry. “Nos pilló por sorpresa pero no estábamos en situación de rechazar el dinero y él insistió, diciendo que no estaba dispuesto a quedarse sentado sin haber al menos intentado ayudar al club”.
 
“A las 10 de la mañana, cada vez más gente estaba llegando para donar lo que tenían. A las 10:30, habíamos recaudado 40.000. Entre las personas que acudieron, estaban un niño de 10 años que donó sus 35 libras de ahorros. Otro ofreció la escritura de su casa. Necesitábamos efectivo y no pudimos aceptarlo, pero eso define la reacción de los aficionados. En caso de completar la temporada, el club se comprometía a devolver el dinero pero no existía garantía alguna, la gente estaba dispuesta a arriesgar su dinero por su club, solo por una oportunidad de sobrevivir”.
 
Sin embargo, el día se acababa y seguía faltando dinero. “Necesitábamos un gran donante, alguien que completara lo que faltaba”, continua Parry. “Y entonces aparecieron un par de personas que aportaron 30.000 y 40.000. No eran millonarios, sino personas que conozco desde hace años del estadio y que estaban dispuestos a aportar los ahorros de toda su vida”.
 

Las aportaciones de los aficionados evitaron la desaparición

El club sigue luchando por volver a la League Two

La liga (que, según fuentes del club, nunca creyó que el Wrexham conseguiría el dinero) otorgó al club doce horas para convertir todas las aportaciones en efectivo. “Recuerdo que alguien gritó “¡Lo hemos logrado!” cuando nos dimos cuenta que teníamos el dinero necesario. Los gritos se extendieron por toda la calle, fuera de la tienda del club, donde la gente estaba esperando”, recuerda Parry.
 
El fondo de los aficionados asumió el control total del club. La organización había pasado de organizar protestas y actos para recaudar dinero a ser propietaria del club por una suma aproximada de 800.000 libras.
 
Tras los fracasos de los técnicos Brian Little y Dean Saunders, Andy Morrell tomó las riendas al inicio de la temporada pasada como entrenador-jugador después de que el club perdiera en el play-off de ascenso ante el Luton la temporada anterior.
 
Morrell se dio cuenta rápidamente que la ciudad estaba estrechamente unida a su club y utilizó ese vínculo para cohesionar todavía más un equipo más que sólido. El Wrexham no solo logró finalizar la temporada sino que logró un récord de puntos, aunque no fue suficiente para lograr el ascenso. El club finalizó en segundo lugar y cayó en el play-off de nuevo.
 
El club sigue luchando por regresar a la Football League y, ubicado en tercera posición del Conference, tiene muchas posibilidades de lograrlo.
 
Sin embargo, el mérito es que sigue existiendo el club. Y que en la zona del estadio siguen escuchándose los cánticos de los aficionados y el sonido seco de las botas de fútbol golpeando un balón, en lugar del sonido estridente de las cajas registradoras del supermercado que los antiguos dueños pensaban edificar en el terreno sobre el que se ubica Racecourse.
 
Para los aficionados del Wrexham, por importante que sea regresar a la League Two y a los focos de la Football League, la lucha por salvar el club no trataba sobre eso. El niño que donó dinero o el señor que ofreció su casa no buscaban trofeos. Solo querían seguir teniendo un club al que poder animar.
 

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Ilie Oleart