Jordi Cardero

Manchester United: un club huérfano sin Ferguson

Desde la marcha del escocés, el club ha gastado cantidades millonarias en fichajes. Sin embargo, no ha conseguido volver a pelear por todas las competiciones debido a la falta de una política deportiva coherente que ahora intentará crear Ralf Rangnick.

“Soy un dinosaurio, todo un dinosaurio. Pero lo que soy realmente es un ganador”, dijo una vez Sir Alex Ferguson. Año tras año a su espalda, el entrenador escocés construyó un club triunfador. Como arquitecto, dibujó un aura sobre Old Trafford, afiló los tridentes de los diablos, vio e hizo crecer a leyendas y, por encima de todo, levantó títulos. Muchos títulos. Pero todo lo bonito tiene fin, y Ferguson se retiró de los banquillos un cuarto de siglo después de aterrizar en Manchester. Estableció un relato en el que el equipo del bando rojo de la ciudad era una máquina de ganar. En el que los vecinos simplemente hacían algo de ruido, pero nada ni nadie era superior a ellos. La historia así lo decía. Sin embargo, casi una década y cuatro entrenadores después, la depresión convirtió el fuego en cenizas.  

Desde que Ferguson diera un paso al lado en mayo de 2013, los encargados de llevar a cabo el proceso de reconstrucción han dejado claro que nunca existió una hoja de ruta definida. Los fichajes de la era posFerguson son la prueba de que nunca se miró al largo plazo. El club fue sobreviviendo día a día hasta fichar a Cristiano Ronaldo con el corazón. Las plantillas terminaron siendo una mezcla de apuestas de entrenadores que murieron en otras etapas, fichajes fallidos y una guerra de egos en el palco. 

Análisis de los fichajes más destacados tras Ferguson / Elaboración propia

David Moyes llegó a Old Trafford para suceder a Sir Alex. Puro vértigo. El escocés dio el visto bueno, pero pidió a Ed Woodward, CEO del Manchester United, que su cuerpo técnico (Mike Phelan, Rene Meulensteen y Eric Steele) siguiera durante una temporada más. Moyes quiso traer a su equipo de trabajo y Woodward tuvo la última palabra, aceptando la petición del exentrenador del Everton. Desde entonces, según aseguran algunas fuentes a The Athletic, Woodward y Ferguson, que siguen enlazados profesionalmente y son dos de las voces autorizadas de los diablos rojos, no se dirigen la palabra

El cambio en el banquillo de escocés a escocés no salió bien. Moyes fue despedido antes de terminar la temporada. De hecho, Woodward despediría a cuatro entrenadores en los siguientes ocho años. El propio Moyes y Louis Van Gaal se enterarían a través de los medios de comunicación y las redes sociales. Tras su salida, Moyes dijo sobre Woodward que «no sabía si era un genio o un payaso”. Tras hacer pública su renuncia cuando llegue final de año, al CEO del United le quedan apenas días de vida oficial en el club. Sin embargo, se rumorea que continuará vinculado al club en un rol de consultor.

Tras el despido de Moyes, terminó la temporada como interino Ryan Giggs, que la había empezado como jugador, y disputó veinte minutos vestido de corto estando al cargo del equipo. El United quedó séptimo, a cinco puntos de Europa. Giggs seguiría la siguiente temporada como segundo entrenador de Van Gaal. 

La segunda campaña después de Ferguson comenzó con Van Gaal y la llegada de Ángel Di María, Radamel Falcao, Ander Herrera y Luke Shaw. En League Cup les eliminó el MK Dons de un joven Dele Alli y un Will Grigg que dejó a la defensa roja terrified. El United regresó a Champions. Sin embargo, la temporada siguiente volvería a dar dos pasos atrás.

La paciencia con Di María duró una temporada, lo largaron a París, terminó la gloriosa etapa de Robin Van Persie y Old Trafford recibió las apuestas de Anthony Martial y Memphis Depay. También la llegada de un consolidado Bastian Schweinsteiger y a Morgan Schneiderlin, aunque ambos duraron en el club lo mismo que uno tarda en aprender a escribir sus nombres. El United quedó apeado en Champions League en la fase de grupos y en Europa League terminó cayendo eliminado a manos del pueril Liverpool de Klopp. Tocaría competir una temporada más en la segunda competición europea. 

El United quiso recuperar la identidad ganadora con Mourinho

El verano de 2016 el club opta por dar una sacudida en busca de títulos. José Mourinho hizo pasar a la historia a su personaje sintiéndose cómodo en contextos de expectativas rebajadas. Creciendo desde abajo, pero sin construir techos a sus proyectos. El Manchester United acudía a Mourinho como emergencia y el portugués, desde la reconstrucción y con la idea de inventarse equipos ganadores, acudió al rescate. Y empezó haciéndolo descartando los nombres del último verano: Depay, Schweinsteiger y Schneiderlin. Subieron al barco Pogba, Ibrahimovic y Mkhitaryan

Una de las primeras decisiones de Mou fue apartar del banquillo a Giggs, que había sido sondeado como posible entrenador, y ofrecerle trabajar en la academia. El galés terminó abandonando Old Trafford por la puerta de atrás, casi tres décadas después. El resultado final en Premier fue idéntico: puestos de Europa League. Sin embargo, el United se clasificó para Champions ganando la competición europea ante un inocente Ajax, así como la Community Shield y la Carabao Cup. 

El segundo verano con Mourinho comenzó con un nuevo rechazo de un recién llegado: Mkhitaryan. Llegarían Matic, un fichaje de entrenador, Lukaku, un delantero que presuntamente acercaba el equipo a la élite, y Alexis Sánchez, quien en el Emirates Stadium rindió a un nivel supersónico y sería presumiblemente el detonante para el entramado ofensivo. La mejor forma de explicar el rendimiento como Red Devil del chileno: jugó más los primeros cinco meses (llegó en enero) que en toda la temporada siguiente. Nunca hubo tercera oportunidad. El rendimiento en Premier League del equipo subió varios escalones. Sumaron 81 puntos, 18 más de los esperados según Understat. Y, aun así, aunque nunca competir con ellos fue una realidad, el Manchester City ganó la Premier League con 19 puntos de ventaja. El United no era capaz ni de molestar a sus vecinos. Se contentaron, en cambio, con aguarles la fiesta de ser campeones matemáticamente derrotándoles en el Etihad.

Como en otras ocasiones, a Mourinho no le valió con el fervor de su personaje. En el periodo de traspasos veraniego intercambiaría a Fellaini por Fred. El belga fue el ejemplo paradigmático de las cotas a las que viajaban los diablos rojos. Siendo un futbolista limitado para las aspiraciones del club, Mourinho tuvo una mirada particular con él: llegó a jugar como segunda punta para peinar balones aéreos. Un plan demasiado minimalista para el United: ni le hacía jugar de forma atractiva, ni le permitía competir de forma sostenida. En su tercera temporada, concretamente en diciembre, Mourinho sería despedido tras caer en Anfield. Con más de media competición por jugarse, el club estaba a 19 puntos del Liverpool, líder, y a 11 de puestos Champions. 

Entonces Ole Gunnar Solskjaer llegó como parche para terminar la temporada. El club se demoraría en ofrecerle un contrato a largo plazo. Su primera gran hazaña fue la remontada de Champions League frente al PSG en el Parc des Princes, pero en Premier volverían a quedar sextos. Un año más lejos de la élite europea. Sin embargo, habían descubierto en invierno a Bruno Fernandes: un futbolista que, per se, era capaz de elevar la amenaza ofensiva del equipo. Fue -por regularidad, nivel y explosión- el mejor fichaje de la era posFerguson.

En la batalla con el Manchester City, el United se terminó llevando a Harry Maguire a cambio de 78,3 millones de libras. Hasta que el central no nos diga lo contrario, fue un ejemplo más sobre cómo la Premier League es capaz de multiplicar el valor de un futbolista por el simple hecho de ser inglés. El verano de 2019 tuvimos otro ejemplo: Aaron Wan-Bissaka. Por la puerta de atrás saldría un Lukaku que acabaría, poco después, ganando el Scudetto con el Inter. En la primera temporada completa de Solskjaer, al United le valdría entrar en Champions League con los mismos puntos que la temporada anterior, 66. 

Análisis del rendimiento del Manchester United en valor ClubElo / Elaboración propia

La plataforma ClubElo tiene un sistema de medición propia (bautizado con el mismo nombre) con el cual dan un valor numérico al nivel al que está rindiendo un equipo. Fundamentalmente, en este sistema los conjuntos suman puntos cuando ganan, pero no con el cálculo tradicional de tres puntos por victoria. Cuanto mayor es el nivel del oponente, más puntos suman. De igual manera, cuanto menor es el desafío presentado por el oponente contra el que pierden, más restan. A través de esta métrica, vemos que el United de Sir Alex llegó al clímax al levantar la Champions en 2008. Posteriormente, Van Gaal prolongó la caída que se inició con Moyes y Mourinho logró remontar algunos puntos. Pero lo más sorprendente es que fue con Solskjaer cuando el equipo logró mejores resultados. Lo consiguió con una mirada muy particular.

Solskjaer fue más Zidane que Guardiola

Zinedine Zidane puso en valor la figura del gestor por encima del entrenador. Y lo hizo levantando varias Champions en una época en la que coincidió con Guardiola, Tuchel, Nagelsmann, Conte o Klopp, que, con sus diferencias, no se dejan guiar por la naturaleza de sus equipos, sino que son más bien intervencionistas. Solskjaer fue más Zidane que Guardiola, más mánager que entrenador. A su United nunca se le vieron formas concretas, entre tanta libertad no fueron capaces de formular caminos.

Mientras tanto, el club decidía apostar por Van De Beek. La única razón era la oportunidad de mercado: su fichaje no tuvo ningún sentido futbolístico porque en el ecosistema de Old Trafford sería imposible replicar lo que el holandés fue en Ámsterdam. Fútbol y economía no van de la mano. Y construir un equipo ganador separando el balón y el billete hacia realidades paralelas impide la existencia de un proyecto ambicioso sostenible.  

Si regresamos al gráfico inicial, podemos observar que varios fichajes, sobre todo en las últimas etapas, cuando más minutos disputan es en su primera temporada. Es el caso de Bailly, Lukaku, Alexis o Matic bajo el mando de Mourinho. Y de Maguire, Wan Bissaka, Dalot o Daniel James con Solskjaer en el banquillo. Lo podemos entender como un soplo de aire nuevo que llega a Old Trafford que se va difuminando con el paso de los meses. Futbolistas que, por algún motivo u otro, llegan como apuestas firmes y terminan desapareciendo. En algunos casos, como el de Blind, por ser fichajes de un entrenador que nunca se imaginaron en el largo plazo. 

Otro punto a tener en cuenta son las inversiones que el United realiza un verano y, falto de paciencia, despide al cabo de doce meses. En Old Trafford no sobra paciencia, apenas importa que se trate de estrellas de nivel mundial como Di María o Mkhitaryan o de estrellas emergentes como Memphis Depay. También se despiden varios futbolistas, apuestas del entrenador anterior, cuando llega el siguiente. Se hace y deshace sobre la marcha. Es un salimos de tranquis y la necesidad de querer borrar cualquier recuerdo a la mañana siguiente.

Por otra parte, el fichaje de Cristiano Ronaldo se quiso vender como el regreso romántico del portugués al club que le lanzó al estrellato. Desde Inglaterra entendieron el traspaso como una maniobra de emergencia para evitar que Ronaldo terminara al lado azul celeste de la ciudad. Acomodar al Cristiano de 36 años a la arquitectura difusa de Solskjaer no sería fácil. El movimiento en clave de marca y economía ya estaba hecho, la apuesta futbolística quedó relegada a un segundo plano. Salvando las distancias, fue la réplica de un movimiento impetuoso como el de Maguire: primero asegurarse de que es suyo y, solo después, pensar qué se puede hacer con él sobre el verde.

El Manchester United es un equipo sin hoja de ruta. En una entrevista con The Guardian, Van Gaal dijo que los fichajes pasan por las manos de Woodward y Matt Judge, que desde 2016 se encarga de negociar los fichajes. Los brazos ejecutores de los traspasos son dos personas que llegan del mundo de la economía. Los Glazer solo dan el visto bueno. Judge también se encarga de materia económica, pero no existía una estructura definida del ámbito deportivo hasta hace poco. Judge también tiene una gran influencia, según cuenta el Manchester Evening News, en el apartado de ojeo. El United cuenta con 52 scouts repartidos por el mundo y por encima de ellos se sitúan Mick Court y Marcel Bout (el último llegó con Van Gaal y se quedó tras su despido).

Hace poco más de medio año, el club nombró a John Murtough director deportivo. Anteriormente había ejercido como director de desarrollo futbolístico. Murtough trabaja con el secretario técnico, el exfutbolista Darren Fletcher, y, como la mayoría de sus compañeros, también proviene del mundo empresarial. Su mirada centrada en la economía hizo que chocara con Nicky Butt, exfutbolista del club y hasta hace poco jefe de desarrollo del primer equipo. Butt aspiraba a lograr el puesto que le fue concedido a Fletcher después de haber trabajado con Marcus Rashford o McTominay o haber recomendado a Solskjaer la promoción de Mason Greenwood. El desencuentro lo mandó fuera del club.

Woodward no se puede ver con Ferguson. Murtough se deshizo de una de las pocas miradas futbolísticas naturales en la dirección del club. Y ahora, a excepción de Fletcher, al frente de Old Trafford se sitúan personalidades que priorizan la estructura económica al balón. Ralf Rangnick, fichado como entrenador interino hasta final de temporada tras el despido de Solskjaer, actuará como consejero al finalizarla. Se entiende, entre líneas, que esta labor de asesoramiento le dará las llaves de la dirección deportiva del club.

Por lo tanto, el reputado alemán será el encargado de construir caminos a un Manchester United que se aletargó con la marcha de Ferguson, pues desde entonces ha sido incapaz de encontrar una persona que siquiera se acerque a la autoridad que la figura paternal del escocés llegó a imprimir en el club. Pues con su adiós, el United ha quedado irremediablemente huérfano.

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