Andrés Castañera

La transformación de Rodrigo Hernández

Rodri ha vivido temporada de confirmación, convirtiéndose en una de las claves del City de Guardiola para alzarse con la Premier League

Rodri no tiene redes sociales, lleva la camiseta por dentro del pantalón, un peinado convencional que no ha cambiado desde que tiene 9 años y vive completamente alejado del foco mediático que supone jugar en uno de los mejores equipos del mundo. No parece casualidad que un tipo así haya conseguido darle la vuelta a la tortilla y convertirse en el mejor mediocentro del mundo en la actualidad. O en uno de los mejores.

Pero para entender cómo ha llegado hasta este punto, tenemos que remontarnos a su llegada y hablar del contexto que ha rodeado su adaptación a la Premier League.

Rodri tiene actualmente veinticinco años y ha disfrutado de su tercera temporada en Manchester a los mandos de Pep Guardiola. Llegó procedente del Atlético de Madrid, donde fue entrenado por Diego Pablo Simeone. Quizás parezcan aclaraciones innecesarias pero resulta imprescindible destacar el contexto de dónde venía para tratar de entender su proceso de adaptación y evolución en la Premier League.

Este ha sido su tercer año en el equipo Citizen y sin duda el de su consagración. Cuando aterrizó en el conjunto mancuniano tenía veintitrés años y ya había demostrado que su juego calaba a las mil maravillas con el estilo del técnico catalán. Es más, durante sus últimos años en España, se había hablado mucho de su parecido con Sergio Busquets. El Manchester City pagó una cifra aproximada a los 62 millones de euros y el movimiento resultaba lógico. Como reconocío el propio director deportivo del club, Txiki Berigistain, el día de su presentación: «Tiene un encaje perfecto en un equipo de Pep Guardiola y esperamos que sea un gran éxito».

La sombra de Fernandinho

En la posición de pivote venía jugando Fernandinho, que durante varias temporadas fue imprescindible y mostró un nivel brillante. Sin él no se entenderían los triunfos del equipo. Tampoco se entendería el dominio tan apabullante que mostraba el conjunto de Guardiola. Y, en definitiva, no se entendería al Manchester City moderno sin su figura.

Pero Fernandinho se acercaba al final de su carrera, aunque el tipo, a día de hoy, tres años más tarde, nos ha seguido dando unos minutos de calidad a la altura de muy pocos. Rodri llegaba para ocupar ese puesto y ser el relevo de toda una leyenda. Conviene mencionar esta situación porque también ha sido importante a la hora de valorar el rendimiento del centrocampista español en sus primeros pasos en la Premier League.

Es importante hacer hincapié en el contexto porque, en gran parte, explica el tiempo que hemos tardado en ver a Rodri al nivel actual. La diferencia de ritmo entre la primera división inglesa y la española. La diferencia de estilos entre Pep Guardiola y Diego Pablo Simeone. Y, por último, venir a sustituir a uno de los mejores jugadores en la posición de los últimos años, que, además, es una leyenda del club.

El pivote de Guardiola

Claro, valorando estos factores, uno asume que es normal que Rodri tardase un tiempo en adaptarse, como le ha pasado a otros muchos futbolistas al llegar a Inglaterra. Lo que quizás no pensábamos es que fuese a durar dos temporadas. Dos temporadas en las que estuvo sobrepasado por el ritmo de los partidos y donde mostró mayor fragilidad. Donde la diferencia entre lo que solía aportar Fernandinho y lo que estaba aportando él acentuaba esa sensación de no estar siendo suficiente. A pesar de todo, su nivel no fue tan malo como muchos comentaban.

Y es que no hay que olvidar que la posición de pivote defensivo en el Manchester City de Pep Guardiola es quizás una de las posiciones más difíciles del mundo. Esto sirve para valorar tanto al brasileño como al español. Un rol en el que muy pocos pueden jugar tal y cómo demanda el estilo del técnico catalán. Más allá de la exigencia técnica que tiene jugar en el equipo de Pep, el pivote tiene que ser extremadamente preciso e inteligente, ya que un error suyo puede costar demasiado a nivel global.

Todo el juego se sostiene desde esa posición y por ello la responsabilidad es gigantesca. Sin embargo, los datos demuestran que Rodri ha cubierto ese rol con garantías. Ha completado la temporada siendo el tercer jugador con mayor número de pases completados de la Premier League (solo por detrás de Cancelo y Laporte), consiguiendo un 92,5% de acierto con los mismos (el 4º mejor de toda la liga). Algo que, sin duda, hablar de la seguridad con la que ha asumido su papel de distribuidor de juego.

Su carácter hacía ver que no había miedo a esa responsabilidad. Y es que, a pesar de haberse visto en una circunstancia así, él nunca mostró síntomas de debilidad. Es un jugador con mucha confianza y personalidad. Posiblemente muchos hubiesen sucumbido al verse en su situación, pero, volviendo a insistir, hablamos de un futbolista diferente.

Un futbolista diferente

Acabamos de vivir su tercera temporada en Inglaterra y sin duda la de más nivel. Y hay algo que se me hace curioso en su crecimiento. Hay un mítico dicho que define a los futbolistas de su estilo y dice algo así como: “Si ves el partido, no te fijas en Rodri. Pero si te fijas en Rodri, ves todo el partido”. Sin embargo, Rodri ha llegado al punto de destacar también en aspectos mucho más visibles. Golpeos espectaculares, goles importantes, acciones defensivas definitivas…

Todos recordaremos su imagen salvando un gol cantado contra Liverpool esta misma temporada o su gol en el partido que definió la victoria en Premier del City frente al Aston Villa. Incluso le hemos visto celebrar con gran efusividad en ciertas ocasiones.

Rodrigo Hernández no solo ha logrado adaptarse al fútbol inglés, sino que se ha transformado al completo como futbolista. Con su corte de pelo inalterable, la camiseta por dentro del pantalón y ahora, además, dominando el centro del campo de la Premier League.

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Andrés Castañera

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